Clara Luz Cárdenas es decana de la Facultad de Artes desde 2010. Anteriormente fue Vicedecana y Directora del Departamento de Música y Sonología. A pocos días de las elecciones nos brindó una conversación donde pudimos conocer detalles de su vida, su carrera y sus apreciaciones sobre los difíciles conflictos que ha debido afrontar durante su gestión.
Por: Felipe Sandoval - Fotografías: Gabriela Dossow
La música, la política y la dignificación del género femenino
¿Cómo empezó su carrera musical?Empezó desde que yo era niña, a los ocho años. En mi familia tenía una abuela que tocaba el piano, como se tocaba antes en los salones. Además, una tía -hermana de mi padre- que también había estudiado piano. Me trajeron mis padres a dar mi examen de admisión, quedé inmediatamente y se inició mi carrera, primero como estudiante de piano, luego como pianista y académica. Una vez que empecé a estudiar, tuve la certeza (nunca hubo duda) que eso era mi verdadera vocación y que por suerte tenía las condiciones necesarias para continuar con la carrera.
Las mujeres en ese tiempo no eran profesionales, no se les daba importancia en la realización de carreras universitarias. Su quehacer era de madres y de dueñas de casa. El hecho de que una mujer comenzara a tomar en serio la vida profesional, en esa época especialmente era de una gran importancia. Una se daba cuenta de que tenía una responsabilidad. Es difícil para la mujer, más que para el hombre, porque además somos madres y esposas. Pero cuando tú lo logras, sientes que has dado un paso adelante en la dignificación del sexo femenino.
¿Cómo fue su llegada a la política?
No he pertenecido a partidos políticos, pero desde niña en mi casa se habló siempre de política. Mi padre fue dirigente sindical, trabajó siempre en busca del mejoramiento de las condiciones laborales. Por lo tanto, en mi casa siempre escuché de política, de reivindicaciones, de todo este tipo de cosas. Era un quehacer casi natural. Antes incluso de salir del colegio estaba preocupada de lo que pasaba en el país. Después que salí del colegio, seguí en la universidad perteneciendo a grupos de estudio y de reflexión respecto al quehacer político. Una vez que fui académica, en la Universidad pertenecí a la Asociación de Académicos que en ese tiempo era muy fuerte. Fue un organismo que permitió volver a la democracia y terminar con la dictadura militar. En ese tiempo en que yo hacía clases acá empezaron a vivirse las protestas estudiantiles, pasamos temores bastante fuertes cuando venían carabineros y detenían a nuestros estudiantes. En ese tiempo era decano el profesor Luis Merino, con quien partíamos a las comisarías a sacar a los chicos. También con el profesor Rodrigo Torres. Trabajamos muy unidos en la asociación de académicos. En ese tiempo era muy fuerte, hoy día falta en la universidad que la Asociación de Académicos vuelva a instalarse con fuerza.
¿Esto perjudicó de alguna manera su formación y carrera de intérprete musical?
Yo creo que no, al revés. Un intérprete debe ser multifacético, no puede estar recluido solamente en su interpretación y en lo que él personalmente puede lograr de ahí incluso con la ayuda de un maestro. Todo lo que es la vida influye en hacerte a ti un mejor intérprete, por la sensibilidad. Lo que sucede siempre está relacionado con el quehacer artístico-político de la sociedad. Puede ser que haya personas que digan que esto dificulta tu desarrollo porque te quita un tiempo del estudio, pero yo creo que es lo contrario, vale la pena quitarle un ratito. A veces cuando uno estudia menos pero con mejor disposición y conocimiento, rinde mucho más, si hay una vivencia que te acompañe.
¿En qué momento nació su interés por detentar cargos políticos en la Universidad?
Más que políticos, administrativos. Esto surgió también de mi quehacer anterior, a ser autoridad, yo había tomado un compromiso ya a nivel de universidad para mejorar el asunto académico, de sacar a la Universidad lo que fue la dictadura. De alguna manera se me reconocía como una líder. En el año 93 había que hacer elecciones para director del Departamento de Música y no había muchos candidatos. Las mismas personas que formaron conmigo la Asociación de la facultad dijeron “bueno, ahora es el momento de esto, hagamos vida de lo que estábamos pregonando”. Habíamos sacado a Juan Luis Federici (rector designado por la dictadura en 1987). Me presenté y desde ahí partió. Fui tres veces reelegida directora de Departamento de Música, estuve diez años en ese cargo. Por la misma cosa que te digo, en la última de esas elecciones yo corrí sola. Luego me llamaron al Vicedecanato. Cuando tú ya te metes en eso, te metes como en otro mundo. Ya no era una niñita, había hecho mi vida, tenía mi familia constituida y mi carrera avanzada.
¿Hubo colegas que incentivaron a su decisión?
Fueron los colegas míos quienes me pidieron que fuera candidata y asumiera esos cargos, porque ya me habían conocido en ese terreno. Me hacían “encerronas” en la sala de clases y me presionaron siempre de buen humor. Recuerdo al profesor Jaime Miranda, Cirilo Vila, Rodrigo Torres... en general, gente de una tendencia de izquierda.
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Cuéntenos
sobre las ideas principales de su programa que la incentivaron a
repostularse.
He tenido dos motivos fundamentales por los que quiero repostularme: 1) Hay proyectos importantes que se han iniciado y no están finalizados, y me gustaría ver algunos frutos de lo que ha sido la primera gestión, y 2) porque tengo una responsabilidad ético-política. Por más que me merece mucho respeto el candidato Luis Merino, creo que también tengo una responsabilidad con mi equipo y con los académicos que me eligieron la primera vez, una responsabilidad con el desarrollo y la modernización de nuestra Facultad.
En qué podría decirte los lineamientos principales: consolidar un proyecto académico mejor que el que tenemos ahora. Se dice mucho que el PDI (Proyecto de Desarrollo Institucional) nuestro no está terminado. Pasó que se inició todo el estudio y no le faltaba nada para terminarse, pero hay que reconocer que no se hizo triestamentalmente. Hay que hacer eso de nuevo, para que se cumpla. Si hace cuatro años atrás me preguntabas por qué tiene que ser triestamentalmente, yo te habría dicho que no tiene por qué ser triestamentalmente, sino que lo puede presentar sólo el estamento académico, pero hay cosas que he comprendido. Hay cambios en la sociedad, en la institucionalidad, y quiero asumir esos cambios. Es perfectamente pertinente la triestamentalidad para ese tipo de toma de decisiones.
Quiero terminar el proceso de innovación curricular e iniciar la acreditación. Activar muchísimo más la unión entre las diferentes sedes y las diferentes disciplinas. Los directores de Departamentos y Escuela se relacionen más entre ellos, que sea un proyecto académico global que permita a todos conocer lo que hacen los demás. A cualquier académico de esta sede si le preguntas qué está haciendo el Departamento de Teatro o Visuales, no tiene mayor idea. Eso no es bueno para la consolidación del arte y de nuestras disciplinas.
Me encantaría poder reinstalar mucho más allá lo que es la extensión. Quisiera descentralizar de la Región Metropolitana y llevarlo a otras regiones, hemos empezado a hacerlo pero sigue siendo poco. Quisiera que la creación y la investigación se desarrollasen todavía más, por eso estamos creando este Centro de Creación e Investigación Interdisciplinar, y me parece que ahí es donde va a poder consolidarse mucho mejor lo que sean proyectos interdisciplinares y transversales. Si aunque no hay un PDI en un documento, lo que sí hay es un Plan de Mejoramiento Institucional (PMI), que es solicitud del Proyecto Bicentenario al cual pertenecemos en la parte académica. Tuvimos que hacer nuestro PMI donde se especifica muy claramente cuál debe ser nuestro PDI y que sí se realizó de manera triestamental. Yo asumí en julio de 2010 y se empezó a realizar en octubre del mismo año. Probablemente, cuando terminemos el PDI va a ser muy similar, porque el PMI se basa en lo que es el PDI de la Universidad de Chile. Hay un proyecto académico detrás, pero falta consolidarlo. Me encantaría que nuestra facultad pueda contar con un presupuesto mayor que permita poner al mismo nivel la renta de nuestros académicos y nuestros estamentos al de otras facultades con mayores recursos y posibilidades de desarrollar proyectos que generen ingresos propios y gracias a eso han podido mejorar a su personal. Entre otras mejoras que hemos ido haciendo, de ir cambiando funcionarios a honorarios hacia contrata. Nosotros podemos, y hemos hecho mucho respecto a las mejoras contractuales de nuestro personal de colaboración.
¿Qué opina sobre la Iniciativa Bicentenario?
Me parece que es un proyecto muy exigente, fue el proyecto estrella del (ex) rector Víctor Pérez. Ha ido cumpliendo las etapas que le corresponde cumplir, tal vez no totalmente en cuanto a los tiempos pero sí las intenciones. Nuestra relación como facultad con el Proyecto Bicentenario es muy positiva porque gracias a los concursos y a la ayuda que nos han prestado tanto académicamente como en presupuesto. Hemos logrado contratar cinco doctores para la facultad gracias a los concursos que llamó el Proyecto Bicentenario. Hemos podido adquirir equipamiento para la docencia, bibliografía. En la medida que podamos mantener esta relación académica, es muy positivo para la Facultad y para todo el Campus Juan Gómez Millas.
¿Cómo piensa validar dentro del estamento académico la Iniciativa Bicentenario, que también tiene sectores que se resisten a ésta?
No sé si la Iniciativa Bicentenario misma. Yo creo que el Proyecto Bicentenario tuvo mucho rechazo en un primer momento porque nadie lo conocía. Estuvo siempre publicado en la página web, pero nadie la leía. No hubo suficiente socialización del proyecto dentro de la Facultad en su inicio. Hubo muchos problemas. Pero después, como proyecto mismo, ya la gente comenzó a darse cuenta que más bien era positivo. Que la facultad no se estaba endeudando. Otras facultades del Campus dieron mil millones de pesos como contraparte con el Proyecto Bicentenario, nuestra facultad no aprobó más que 300. El problema que existe no es el Proyecto Bicentenario en sí mismo, sino el deseo que tuvo el rector Pérez, de que toda la facultad se aglutine en un solo campus. En eso tú ves más resistencia, sobre todo en esta sede. Por supuesto el rector Pérez se dio cuenta de la resistencia que había para hacer un traslado, porque este edificio fue hecho en su tiempo para la música fundamentalmente. En su tiempo era (fue) lo mejor que había para la música, pero hoy en día no cumple con todos los requisitos para la docencia de las disciplinas musicales u otras, además se nos hace bastante estrecho, ya no tiene mucha forma de mejorarse. El rector Pérez me dijo “Clara Luz, usted va a tener la plata, no tiene que gastar un peso de su facultad”. Realizar un anteproyecto arquitectónico no es una cosa muy barata. Son cuatro o cinco meses de estudio con arquitectos, una comisión que trabajó junto con arquitectos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Esto por supuesto implica un edificio que tiene que tener detrás un proyecto académico, que de hecho lo tiene. Son necesidades que van a salir de la reforma curricular. Necesidades en cuanto a la modernización que se necesita en las mismas carreras, en la docencia, para el desarrollo de la creación, de la investigación. Se necesita mucho mejoramiento tecnológico, salas adecuadas para esto. Implica un cambio de metodologías, cambios que van a surgir de la innovación curricular. Ahí es donde está la resistencia, de personas de este edificio que no quieren cambiarse del lugar al que están acostumbrados a vivir. Tienen un espacio en el centro de Santiago donde todavía se vislumbra un lugar donde está el mayor desarrollo de la música y del arte en general. De hecho, por la generación a la que pertenezco, también se me hace difícil irme de un lugar donde he vivido la vida entera. Pero yo estoy de acuerdo con que la facultad tendría que tener un espacio en común. Todo se nos facilitaría, desde lo administrativo hasta el proyecto académico, si es que estamos juntos. Hay cosas que ahora no se pueden hacer, como proyectos interdepartamentales. Pero se pueden incrementar si estamos juntos. Creo que para los estudiantes esta sede está siendo indigna, no tienen ni siquiera un lugar de esparcimiento.
Es la comunidad la que va a decidir, eso lo quiero dejar muy claro. Independiente de lo que yo piense, aunque sea decana, si la comunidad dice que no, yo tengo que comprometerme a lo dicho, y es no. Eso también lo supo el (ex) rector Pérez, que el anteproyecto que se realizó no es vinculante. Es la comunidad la que va a decidir, no sólo la de esta sede. La facultad con sus tres estamentos.
En 2012, Mega emitió un reportaje titulado “La agonía del ISUCH” cuya premisa era que la toma del establecimiento en 2011 lo condujo a una crisis financiera. Usted como decana toma el rol de sostenedora de este instituto. ¿Está de acuerdo con la premisa de este reportaje?
La toma fue dura. Fue una de las tomas más duras que ha tenido la facultad. Fue muy larga, ingresaron al establecimiento más personas que los propios estudiantes, hubo alguna crisis en el sentido que se perdieron algunos instrumentos, hubo daños de infrastructura, que ya es tan mala en sí. Yo no podría achacarle a la toma la crisis del ISUCH, creo que tampoco hubo tal crisis. No fue sólo en el ISUCH, sino en toda la educación, porque las protestas estudiantiles que llevaron a las tomas querían cambios, y muchos de los cuales tienen toda la razón en exigir. Es terrible vivirlo, sobre todo desde este lugar, pero yo no podría decir que debido a la toma y a la efervescencia estudiantil... en ese caso tendríamos que hablar de una crisis de facultad, de universidad y de país.
¿Qué medidas plantea para el mejoramiento de esta institución?
El ISUCH es un organismo del que han surgido grandes artistas nacionales. Es un colegio que se creó para favorecer el estudio de las artes en la Universidad de Chile, es un organismo al que la comunidad le tiene un cariño especial. Yo también le tengo un cariño especial, tengo hijos y nietos que pasaron por ahí. Quiero que el ISUCH se mantenga y siga cumpliendo su rol. Es verdad que en ese tiempo hubo una crisis económica, pero crisis económicas en esta facultad hay muchas, y se pueden ir superando. Eso fue totalmente un malentendido, yo jamás quisiera ser la causante que el ISUCH termine.
Donde está el ISUCH ahora está absolutamente mal. Hemos hecho varios esfuerzos por encontrar otro lugar donde se pueda trasladar. Vamos a ir incrementando un poquito año a año el aporte económico que debe darle la Facultad al ISUCH para que permanezca, porque por otro lado también se sustenta con los aranceles. Estamos todos en una lucha para que los aranceles se congelen o se llegue a una educación gratuita, pero mientras tanto, el ISUCH tiene que mantenerse como se mantiene hasta aquí. Yo espero que si esto llega a resultar, lo de la reforma educacional y la educación gratuita, también van a cambiar las condiciones de la Universidad con el estado de la Facultad. Esto tiene que ser provisto de una manera si quieren que sigan surgiendo las universidades estatales. En ese sentido, creo que la lucha está recién empezando. Mi voluntad es sostener al ISUCH por mucho tiempo más, y preocuparse no sólo por la parte física misma, sino por el proyecto educativo del ISUCH, que siga analizándose, se estudie permanentemente para ir mejorándolo de acuerdo a las necesidades actuales.
En la parte de proyecto académico, queremos revitalizar la comisión para estudiar la problemática ISUCH que desde el año pasado no ha funcionado. Para además poder seguir revisando el proyecto académico, cómo acrecentar la relación de ISUCH con Ciclo Básico y pregrado. Es para mí la piedra base para que nos llevará el día de mañana a tener la educación continua, partiendo desde la enseñanza media hasta el posgrado.
Usted señaló a Radio Universidad de Chile: “Si no hacemos extensión, no seamos Facultad de Artes”. ¿Qué entiende por extensión? Suenan muy duras mis palabras, pero nosotros no somos únicamente una institución docente, mediante la extensión es cómo vamos a insertarnos y cómo vamos a mostrar nuestro producto. Ni los grandes especialistas tienen una definición exacta de qué es extensión. Se confunde muchas veces con la vinculación con el medio. Lo entiendo como la capacidad de difundir el quehacer más allá de nuestro propio territorio. Difundirlo a nivel regional, hacia el resto del país. Pero con programas que no signifiquen ir a hacer un concierto y que luego se acabe. Para mí un programa de extensión va más allá de eso. No se conforma con una simple actividad, sino de esa actividad hacer surgir nuevas necesidades que impliquen un acercamiento y una relación. Ya está aprobada por el Consejo de Facultad la creación de un Consejo de Extensión, interdisciplinar y triestamental, del que surjan políticas de extensión.
¿Qué medidas propone de acuerdo a los asuntos académicos?
Primero, el poder tener en algún momento, finalizado nuestro Proyecto de Desarrollo Institucional (PDI), donde tiene que estar involucrado nuestro proyecto académico. Eso vamos a tener que volver a retomarlo, a pesar de que tenemos mucho adelantado, vamos a tener que socializarlo, a nivel triestamental, fundamentalmente con estudiantes, porque la mesa que trabajo el PDI fue biestamental. Y en base también a nuestro Plan de Mejoramiento Institucional (PMI), porque el proyecto académico involucra que todas las funciones académicas se relacionen. La docencia tiene que estar en relación con la creación y la investigación, la extensión debe mostrar lo que es nuestra docencia e investigación. Tenemos que fortalecer una Dirección Académica que cautele esta globalización de nuestras funciones. Para eso se necesita ir modernizando los claustros académicos: formar núcleos de académicos en cada uno de los Departamentos para que se preocupen de su creación, se relacionen con las direcciones de investigación y creación en nuestra facultad. Hay que mejorar la relación de nuestra facultad a nivel de otras facultades, de otras áreas del saber, de otras instituciones afines. Tenemos que tener proyectos conjuntos con otras instituciones que también desarrollan nuestras disciplinas.
Una cosa que puede permitir desarrollar un proyecto académico más global son las jornadas académicas, que por lo general te dan espacio sólo para la docencia. Contratan profesores con 22 horas, de las que ocupa 18 ó quince, en hacer clase en aula. El resto tiene que hacer docencia indirecta, y ¿dónde queda la creación y la investigación?. Yo tengo conciencia que a nivel de toda la facultad hay muchos académicos jóvenes que quieren hacer investigación, pero su jornada no se los permite. Realizar un estudio que ojalá permita que en todas las jornadas académicas se deje un espacio de horas para estas actividades académicas. Una de las cosas fundamentales es dar inicio por fin a las pedagogías que tuvimos. Es tarea absoluta de nuestra facultad, tenemos mucho que entregar al país y a nuestras escuelas artísticas. Es mucho lo que hay que hacer en ese sentido y no se ha podido realizar. Hay núcleos de académicos jóvenes que están pendientes de las pedagogías y de ahí es donde deben surgir, para que lo que creemos y revitalicemos sea realmente lo que podemos hacer.
La comunidad entiende que para la concreción de un proyecto en la facultad se necesita un equipo adecuado para que lo trabaje. ¿Ha pensado en quiénes la acompañarán en su eventual futura gestión?
No he pensado en nombres, no hay ninguna acción realizada en ese sentido. Voy a realizar cambios, pero preferiría decirlos en caso de que salga electa, pero si no, no tiene ningún sentido. Pero por supuesto, siempre hay que hacer cambios, lo que me interesa mucho y es importante, es que se agreguen personas de generaciones menores y que se preparen para estos cargos. No es posible que una Facultad de Artes de siglo XXI esté a cargo de personas que quizá ya debemos estar en otro lugar.
Democracia universitaria, tema muy latente: ¿Qué opina sobre la participación triestamental en las elecciones de cargos unipersonales?
Yo creo que vamos camino hacia eso. Es bastante justo que ustedes tengan opinión asi como los funcionarios de colaboración. Si creo también que el voto debiese ser ponderado, como se hace en el Senado Universitario. Me parece factible, no me negaría jamás a una cosa así. Son los cambios que han venido hace cuatro años atrás. Esto es cogobierno, pero en el buen sentido de la palabra. Ahora ¿por qué los votos deben ser ponderados? Porque los académicos son el cuerpo estable de la Universidad, los estudiantes vienen un poquito más de paso, y en teoría no tienen todo el conocimiento de la Universidad... aunque a veces los estudiantes tienen mucho más conocimiento de la Universidad que muchos académicos, y no sólo acá en nuestra facultad, sino de toda la universidad. Siempre han tenido algo que decir. Una vez me sacaron ahí en tu pasquín, una frase mía en la que yo decía -que he dicho varias veces y sigo diciendo- que “siempre los grandes cambios que han habido en este país provienen de los estudiantes, y fundamentalmente de los estudiantes de la Universidad de Chile”.
¿Eso no ameritaría un replanteamiento sobre la ponderación de los votos?
Yo creo que sí, que es una cosa que se debe estudiar y analizar, no es cosa de llegar y tomar una decisión apresurada. Debe ser una decisión que surja tanto del Senado como del Consejo Universitario, o sea de la organización superior de la Universidad. Ahí tienen opinión los decanos y surgirán democráticamente algunas decisiones.
Participación con voz y voto de estudiantes y funcionarios no académicos en el Consejo de Facultad: ¿Sí o no?
Quizá no siempre con la misma ponderación, pero me parece que no es una cosa terrible, creo que podría ser muy positivo. Yo en este decanato me he dedicado a cumplir la institucionalidad actual de la Universidad de Chile y eso está puesto en sus estatutos. Que los estudiantes, el personal de colaboración y los invitados no tienen derecho a voto. Pero así como uno estudia la participación con voz y voto de los estudiantes a nivel de las votaciones unipersonales y de otros aspectos universitarios, también creo que sería una forma digna que se debe estudiar.
Avanzamos irremediablemente a una construcción triestamental de la Universidad. El candidato Luis Merino dice que la “comunidad debe hacerse partícipe de la confexión de su programa”. ¿Usted opina lo mismo en relación a su propio programa?
Cuando uno va a hace un programa de cualquier tipo, el ideal es consensuarlo con mucha gente. Según mi experiencia, cuando uno visita los distintos departamentos, se solicita también que nos entreguen insumos. Es muy poca la participación de la comunidad. El ideal es que si la comunidad te aporta con insumos, tú le hagas caso en la medida de lo posible. Porque si a mí me dice el día de mañana un académico “usted debe destinar cincuenta millones de pesos para que los académicos podamos realizar proyectos de creación”, yo pensaría que la idea es muy buena, pero no tenemos cincuenta millones de pesos. El ideal sería que la comunidad participe, yo no recuerdo cómo era antes pero ahora es re-difícil hacer participar a la comunidad académica. A la estudiantil es más fácil, pero se van desmoronando de a poquito, van quedando tres o cuatro. El personal de colaboración también. Entonces si estás en espera de hacer un programa y no tienes los insumos de las bases, entonces tendrán que votar por si están de acuerdo o no con tu programa. En todo es buena la participación, pero lograrla es difícil. Nunca se debería hacer las cosas aislados entre cuatro paredes, porque al final no resultan. Me pasó con el PDI, que yo pensé que era la mejor forma. No te imaginas de cuántas jornadas de reflexión hicimos, con un equipo enorme de funcionarios académicos y no académicos, pero faltaron los estudiantes. Ahora ya no podría pasar eso, porque la participación y la triestamentalidad es mucho mayor.
Artes se moviliza
Año 2011, toma en la Sede Centro. El diagnóstico fue la cultura autoritaria, a raíz del dictamen de vuelta a clases para los Ciclos Básicos, contrario al acuerdo de la comunidad de estar en paro. ¿Qué percepción le merece esta movilización, desde su puesto de alta responsabilidad?
Para mí que los estudiantes se movilicen y tengan un lugar donde plantear sus inquietudes y que se le abran esos espacios es lo que debería ser siempre. Debió haber sido mucho más notorio en esa época. Yo como decana nunca he cerrado las puertas a que vengan a conversar. Ahora las estoy tratando de abrir mucho más, poniendo medios establecidos, a través de horarios definidos. Las movilizaciones son una cosa normal que pasen, lo que no es tan así es el llegar a la toma porque ésta daña muchísimo a la comunidad, e impide más que facilita, la resolución de los problemas que hay y que reconozco que existen. Para la Facultad fue muy delicado lo que pasó en 2011, estuvieron a punto de perder el año los estudiantes, se hizo todo lo que se pudo para que no se perdiera, pero de todas maneras lo que ocurrió el 2011 en cuanto a estudios fue bastante venido a menos con respecto a lo que debe ser un año académico normal. Ésta es la cultura de nuestra facultad la que a veces nos permite que todos los académicos entendamos que estas cosas son dentro de la vida universitaria normales. Es verdad que debería haber un entendimiento mucho mayor de parte de los académicos para que esto se pueda llevar a cabo. Habría sido mucho más corto todo si no hubiera habido este tipo de presiones para que los Básicos vuelvan a clases. Nuestros Básicos siempre han sido tan mal logrados. Es una de las cosas que más hemos trabajado, y parece que lo vamos a lograr. Pero si uno realizara estas cosas con conversación, más acercamiento y apertura podrían los resultados ser incluso más favorables.
A fines de 2012 ocurrió el conflicto por el alza de aranceles propuesto por este decanato. ¿Todavía considera necesaria el alza como método de financiamiento para la Facultad?
No lo considero necesario. Si se suben los aranceles por supuesto vamos a tener más recursos económicos, más aún cuando uno ve que esta facultad tiene los aranceles más bajos con respecto a otras facultades. En ese momento yo lo vi así y así lo presenté, pero en este momento en que estamos todos de acuerdo con una educación gratuita, no puedo tomar una actitud de este sentido. No voy a volver a pedir que los aranceles aumenten, pero sí estaré de acuerdo con lo que la Universidad plantee. Si plantea que sus carreras de pregrado se congelan los aranceles, macanudo. Si plantea que van a subir en todas las facultades de acuerdo al IPC, fantástico. Pero yo no voy a llegar nuevamente con una propuesta de alza de aranceles, porque tengo la esperanza de que la Reforma Educacional sea en beneficio de los estudiantes de la educación pública, es el camino hacia la gratuidad.
En 2013 ocurre otra toma en Artes Centro, por razones de índole administrativa y académica. Hubo casos específicos de cargos que dependían directamente de su Decanato (Director de Escuela y Secretario de Estudios). ¿Cómo analiza la situación que se vivió? 2013 fue terrible para este decanato. Los estudiantes hicieron lo que tenían que hacer, de lo que se quejaban era muy razonable: que no haya programas académicos, pautas de evaluación, entrega de notas, que se eche a perder el trabajo de todo el año porque algunos profesores se lleven las actas a sus casas y estas aparezcan luego de dos o tres años... cosas como ésas pasaron, espero no sigan pasando. Habían muchas cosas que sí tenían razón y en otras exageraron un poco. El momento de la crisis es tremendamente duro, pero falta una ruptura también en esta facultad para poder entender los cambios. Mientras más unidos trabajemos en vez de estar peleando un estamento con otro, podremos lograr más cosas.
Tanto el director de escuela como el secretario de estudios son cargos de confianza del decano. Si pones a alguien en ese cargo es porque tienes confianza en que lo va a desarrollar de la mejor manera. Cuando a mí se me plantea que no van a dejar una toma y me van a forzar a sacar a personas que son de mi confianza, es una presión indebida hacia la decana. Yo estuve desde un principio dispuesta a analizar lo que se decía. En relación a la Dirección de Escuela, desde finales de 2012 hubo un conflicto de queja con ésta, en un claustro en Las Encinas. En ese claustro el (ex) director de escuela (Patricio González) me presentó su renuncia para que yo definiera. A mí me pareció que tenía que darle una oportunidad y se la di. Pensamos que hay una cadena de responsables, ni siquiera de culpables. Vimos que la Escuela contaban con un director, un subdirector y dos secretarias, para una facultad como ésta es imposible, no puede funcionar con tan poca gente. Funcionó así, no sé cómo, y por eso había tanto problema, está directamente relacionado con la cuestión de la Secretaría de Estudios, con la de los Departamentos, los jefes de carrera... insisto es una cadena. Por eso yo no hice caso inmediatamente a esto de “usted me saca a estas personas”, porque me pidieron con nombre y apellido dos personas que eran de mi confianza.
Aparte de toda la cosa sensible que hay entremedio, se dijeron cosas, especialmente del (ex) secretario de estudios (Manuel Espinoza Hall) que no voy a repetir, son realmente inaceptables. Culparon a un personaje que por supuesto tiene sus defectos, no es perfecto, que no te imaginas cuánto nos costó conseguir esta persona, años atrás. No había ni un profesional que supiera siquiera prender un computador en esta facultad, así era la cosa, y conseguir un profesional que tuviera algún tipo de conocimiento, pensé que era lo que hacía falta. Al final en vista de un bien común superior tuve que decirle que se fuera. A nosotros como decanato nos trataron pésimo. Hicimos el cambio de secretario de estudios, la persona que pusimos después era muy buena, pero que no pudo relacionarse con gente de la Secretaría de Estudios, fue un desastre. Llamamos a concurso y ninguna persona cumplía con el perfil, nadie me dio la tranquilidad para decirle que se hiciera cargo de esto. En base a esta misma toma salió el Análisis de procesos de la Secretaría de Estudios, y conocí dos ingenieros, pero uno de ellos me pareció que podía ser el indicado por sus conocimientos. Le pedí que por lo menos por estos seis meses que me quedaban de decanato se quedara en el cargo, y aceptó. Lo que no dice que yo esté completamente tranquila que la solución haya sido la mejor. Setrabaja para mejorar los procesos ahora que que la calma volvió, no he tenido quejas de estudiantes en este tiempo.
¿Siente que las decisiones emocionales pesaron más que los diagnósticos políticos?
Tal vez en un primer momento. Por supuesto pesaron, no sólo las mías sino de un montón de gente en el equipo que consideraba que había detrás de esto una enorme injusticia hacia las personas por la forma con que se trató el tema. Yo no tenía mayores quejas ni en cuanto a la lealtad ni a la capacidad de ambas personas, pero no tenían las condiciones adecuadas, ni en la Escuela ni en la Secretaría de Estudios, que es una cadena de procesos. Hay fallas también, en toda empresa y acción humana las hay, yo también he tenido fallas en muchas cosas, todos las tenemos, pero no significa que sean razones para que a las personas se les rebaje en su dignidad.
De la última movilización estudiantil de este año, motivada por los Ciclos Básicos, salió el diagnóstico de la contraposición entre el Conservatorio y la misión actual de la Universidad de Chile. ¿Qué opinión tiene sobre la contraposición entre el Conservatorio y la Universidad?
Yo estudié en el Conservatorio, que era de la Universidad de Chile y era lo mejor que había, con una cantidad de asignaturas e incluso más de la exigencia que tiene ahora el Ciclo Básico de Interpretación Musical. En ese tiempo había una orquesta, teníamos coros. Desde el momento en que la Universidad determina que la Facultad de Artes toma el Conservatorio dentro de su institucionalidad y pretende tener un Ciclo Básico universitario, tiene que ceñirse por supuesto a las exigencias de la Universidad de Chile. Creo que hay aspectos en el Ciclo Básico de Interpretación que podría transformarse en un instituto a cargo de la Universidad o simplemente volver a ser un Conservatorio, en la medida que pertenezcan a la Universidad. El otro día escuché a una persona que decía “creo que para formar un pianista no hace falta más que un piano y un profesor”. Yo pienso que un estudiante universitario no puede ser de esa pobreza de conocimientos espirituales, de todo lo que implica estar encerrado con una sola persona durante doce años y que ahí va a aprender todo lo que necesita. Es totalmente contradictorio a lo que tiene que ser la formación de un estudiante de la Universidad de Chile. Yo estoy luchando por que los Básicos sean estudiantes de la Universidad de Chile, y tendrán que cumplir con las exigencias que esto implica. Son culturas que tienen que cambiar, hay culturas que están muy impregnadas, todavía hay personas que piensan que no es necesaria más que la formación que decía ese señor que escuché. Es necesaria la interdisciplinariedad.
Se ha diagnosticado una suerte de autocracia docente: profesores que se gobiernan a sí mismos al margen de lo que decida la comunidad.
Eso pasó el 2013: profesores que hicieron clases en sus casas o aquí cuando el edificio estaba tomado. Eso no puede ser. La verdad es que no existe un método de control muy afinado para esas cosas, sobre todo cuando tú estás en la planta, tienen que hacerte un sumario para poder sacarte. Los académicos ya están acostumbrados un poco a esta suerte de autocracia. Lo ideal es que los académicos sean capaces de participar en una sociedad, en una cultura universitaria, donde las normas y los deberes se tienen que cumplir y donde los derechos también se tienen que exigir. Los académicos de esta Facultad se quejan que tienen sueldos espantosos en relación a otros, y es verdad. Hay muchas cosas que los tienen descontentos, cosas que no se pueden solucionar de un día para otro y que no dependen de un decanato, sino que de más arriba. Por eso reaccionan así, hay cuestiones generacionales, costumbres que están fuertemente arraigadas en las personas. Esto no debería existir, que un profesor saque a un alumno de Ciclo Básico que estaba en la Sala Zegers durante el Encuentro Triestamental. Se deben respetar las instancias. Con el CEFA vamos ahora a fijar -si es que sigo en el Decanato- varios encuentros triestamentales, con fechas definidas y que la comunidad esté preparada para lo que viene.
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