2 may 2014

Editorial No. 9

Somos un grano de arena, y a mucha honra. No, no es falsa modestia. De verdad somos un grano de arena, de esos que se resisten a ser arrastrados por la ola hacia el océano donde reposan todas las iniciativas que han fracasado en su intento por mejorar las condiciones de vida de su entorno. Pero la melancolía nos aburre. Nos aburre mucho y no la necesitamos.

Si resistimos es porque hay razones para resistir: comenzamos el año emitiendo una declaración con nuestra molestia por las arbitrariedades que habían sufrido compañeros y compañeras en sus exámenes, síntoma de la falta de democracia universitaria y el consecuente exceso de poder del feudo estamento docente frente a la precariedad y marginación de los estamentos restantes: estudiantes y funcionarios.

Pinochet & Cía (¿o CIA?) estarían felices de vernos todavía intentando salir de su trampa. Esa gran trampa que sirve a algunos profesores para permanecer en la universidad pese a carecer de metodologías para enseñar, o para reprobar a estudiantes sin aplicar criterios transparentes de evaluación. La misma trampa que permitió al municipio de Valparaíso ignorar los informes que advertían la alta probabilidad de que ocurriera el incendio que finalmente ocurrió, con los resultados que ya conocemos. La que permite a corporaciones privadas reclamar recursos públicos para sus instituciones de “educación”. La que nos lleva al patético espectáculo de tener que tomarnos el edificio para exigir que se respeten los reglamentos que nos protegen y se modifiquen los que nos vulneran (ya que estos últimos se cumplen). La que tiene a los pobres compitiendo y no organizándose para ganarse uno de los pocos boletos de movilidad social que ofrece el sistema. Es la horrible trampa de la ausencia de democracia, y en esa línea orientamos los contenidos de esta edición, obedeciendo siempre a nuestros principios de la denuncia, la información y la opinión como canal para empoderar a una comunidad descontenta y con anhelos de mejorar.



¿Han sentido alguna vez que las expectativas que les venden no se condicen con la realidad? No es mera coincidencia que también lo sientan en su paso por la universidad. Pero no se angustien, porque se puede trabajar por cambiar las cosas. Sólo es necesario organizarse. Porque somos un grano de arena que busca unirse a los demás que estén dispuestos a resistir, para así transformar la realidad que ahora nos tiene descontentos, desprotegidos y oprimidos. El poder subestima a la arena cuando cruje bajo sus hawaianas, pero le basta un solo grano en el ojo para irritarse y perturbarse. Y hemos mejorado nuestra puntería.



Equipo Sorbete Letelier

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